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domingo, 20 de julio de 2014

los otros.41. don quijote/matrix






















Escapando del mundo real: Don Quijote y la ilusión de Matrix.
José Valenzuela

En la primera entrega de la DESIGUAL trilogía de Matrix, nuestro Elegido despierta de su letargo y descubre pasmado que toda su realidad no es más que un conjunto de líneas de código que unas aviesas máquinas han diseñado para mantenerlo vivo junto al resto de la humanidad en su cometido de proporcionarles energía eléctrica. Pero a Neo le antecede Don Quijote. Cerca de cuatrocientos años antes de la genial idea de los hermanos Andy y Larry (ahora Lana) WachowskiCervantes presentaba a los lectores de la época un ingenioso hidalgo que, presa de cierta locura literaria, entremezclaba continuamente el mundo romanceril de la caballería con el mundo real, atacando a molinos convertidos en gigantes o destrozando teatrillos cuyos títeres se tornaban agresivos moriscos frente a su incrédula mirada.

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domingo, 22 de junio de 2014

la hormiga canta. 21. queridos enfermos


we can work it out
queridos enfermos
(aurelio blanco/carmen rojas/carlos carlín)


video


Goear
be my baby. queridos enfermos
http://www.goear.com/listen/93bd8fa/be-my-baby-queridos-enfermos

aquellos perros
http://aquellosperros.blogspot.com.es/




sábado, 7 de junio de 2014

apretar el gatillo.5. los premios

Los premios
Miguel Guerrero

Cada vez que un intelectual de medio pelo, de pelo largo o del pelo que sea, organiza un concurso literario está provocando el inicio de una nueva catástrofe. Todas las penurias de este mundo se deben a los premios literarios. El Pulitzer, el Nobel son responsables de cosas como el 11 S o la hambruna actual en Somalia. Cada escritor premiado es cómplice directo de un desaguisado global o local, da igual, lo global es local lo local global.
            Nunca he sido premiado, así que mi contribución a este oculto Eje del Mal es casi inexistente. Pero soy culpable por intención. No he ganado pero he participado. Si pudiera retiraría mis participaciones en cada uno de esos concursos; de nada vale, lo sé, el daño ya está hecho.
            El primer concurso literario de la era moderna se organizó en Francia, cómo no, allá por el año de 1780, en la pequeña ciudad cercana a París llamada Sortir sur Sene, en la que residió, una vez retirado, el gran Fantomas. Este inicio provocó la conocida Revolución Francesa y todos los males derivados que ha generado, los hippies y los progres, por ejemplo. El premio Goncourt por su parte es directamente responsable de las miserias coloniales, en Argelia todavía sufren sus efectos directamente sus ciudadanos y indirectamente el resto del mundo. Así podríamos estar enumerando desgracias, unas tras otras, y sus correspondientes orígenes en premios y concursos, de nuestra historia contemporánea. Esto en lo que concierne a los grandes acontecimientos históricos. Afectan y mucho los premios a las cuestiones personales. Mi faringitis crónica, sin ir más lejos, se debe al premio que un amigo mío ganó por un relato corto, presentado sin mucha esperanza en llevarse el primer premio a un concurso de relatos breves convocado por una asociación de amas de casa de un pueblo perdido en las estériles e incomprensibles llanuras de Castilla-La Mancha. La detonación, otro caso, de una bombona de butano en una vivienda de la quinta planta de un edificio nuevo en la calle Tirso de Molina, que provocó la muerte de una familia entera, incluidos los abuelos, tuvo su origen en el certamen de novela corta de la ciudad costera andaluza Islas Verdes. Las indagaciones judiciales posteriores establecieron meridianamente claras las correspondencias entre dicho premio y la catástrofe humana. Pero un veredicto de este tipo es poco usual. El concurso fue suspendido de por vida, al menos, sentenció el juez, si se presentaba bajo el epígrafe “Concurso de Novela Corta de la Ciudad Islas Verdes”.
            Por supuesto, cuando esta cuestión incontestable sale a la luz nadie se da por aludido. Organizadores, premiados y concursantes en general, público asistente a la entrega del premio, prensa y miembros del jurado, demasiados intereses personales y económicos, niegan esas relaciones entre premio y catástrofe posterior, vuelven la cabeza hacia otro lado. Al que  advierte y expone esta idea lo llaman loco. No puedo decir otra cosa más que todo esto es una farsa, una conjura, una conspiración interplanetaria, seguramente orquestada por algunos grupos afines, simpatizantes de la industria armamentística mundial y de otras industrias, como las aseguradoras, bancos, en muchos casos subvencionados y patrocinados los premios por estas entidades, saben que a corto, medio y largo plazo redundarán en su propio beneficio.
Saben también nuestros gobernantes que la literatura, el llamado arte en general, es una forma altamente eficaz de adormecer a los individuos, ¿a qué puede oponerse un adormecido que lee en su sillón orejudo el último premio Planeta mientras de fondo suena una suite, o lo que sea, de Серге́й Серге́евич Проко́фьев?, ¿quién quiere salirse del paraíso burgués que provoca la cultura? Los premios son un punto clave en esta conjura, (las editoriales, bibliotecas, etcétera, también metidas en el ajo). Como mucho, estos premiados consiguen llegar a ser revolucionarios de boquilla, terroristas de salón, teóricos adocenados, niños malos, parte de la farsa, no conciben la cultura como lo que es: uno de los grandes males de la humanidad; y muy a pesar suyo, y aunque parezca contradictorio no lo es, sus consignas encubiertas tras la ficción provocan confusión malsana por sí solas, pero los premios y concursos amplifican de manera notable y decisiva su acción; en definitiva, estas catástrofes o situaciones de pánico global provocan daños colaterales, todos acabamos afectados, justifican la producción de armas defensivas, ¡que eufemismo!, promueven toda una forma de vida a la defensiva y el empobrecimiento que ello conlleva, empobrecer y luego culturizar a la población. Se crean para ello premios literarios y… vuelta a empezar.

Voy a mandar este texto a un concurso, máximo setecientas noventa y cuatro palabras. Si el adormecido jurado lo considera ganador, en posterior comunicación os informaré de sus sangrientas consecuencias. Quizás esta prueba os convenza… aquí me paro.


domingo, 1 de junio de 2014

apretar el gatillo.4. la Educación es una tecnología

La Educación es una tecnología
Miguel Guerrero


Si la educación es una tecnología somos cyborgs.
Los profesionales del SABER, en una mayoría, así como el saber popular, coinciden en que la relación que un individuo establece con sus semejantes sin que medie entre ellos un filtro tecnológico es MEJOR que si lo hay. Mejor hablar cara a cara que por teléfono; en cuanto a la relación que establecemos con los objetos, mejor el tacto del papel (que no sé qué tiene de placentero; sin olvidar que la invención del papel y más tarde la imprenta fueron en su momento alta tecnología) que leer en un e-book, etc. Los dos extremos que van de la salud a la enajenación/alienación, están representados por un lado por el hombre que vive en la naturaleza, pongamos por caso un pastor, y que interactúa directamente con lo biológico: plantas, minerales, animales, personas (no olvidemos una pajita sostenida en la comisura de los labios telúricos, agrietados, resecos, fruncidos, la mirada perdida en los grandes horizontes); y por el otro el hikikomori, ese niño/joven japonés que casi toda su interacción con el mundo exterior a él la establece mediante un ordenador, apenas piensa en comer, en ducharse y la madre no sabe qué hacer con él.
            La defensa de lo no tecnológico en las relaciones humanas tiene su argumentación en que mediante el cuerpo, la fisicidad, mostramos nuestras emociones y percibimos a través de él sensaciones REALES. Hasta hace poco ha circulado con éxito la dicotomía cabeza/corazón para explicar burdamente estas dos formas de percibir la REALIDAD: emocional/afectiva, con el corazón; fría/calculadora, con la cabeza; visceral /flujos mediante versus analítica/mecánica. Apolíneo/Dionisiaco. La postura en la actualidad se ha radicalizado porque la certeza tácita de que el HOMBRE es un constructo, un simulacro de sí mismo también, un avatar que esconde al verdadero yo si es que lo hay, un cyborg AÚN de carne y huesos, una máquina más, es tan calladamente evidente que a muchos se les hace insoportable y se niegan a admitirlo. La forma más radical de negar la evidencia de que la tecnología ha ganado la partida es ese enroscarse en lo llamado HUMANO.

Mírese al espejo. Sí, verá piel recubriendo la carne, eso le tranquiliza cada mañana y le confirma que ese temor al cyborg es infundado, aún está lejos, pero el flujo de emociones, sensaciones y opiniones que usted desarrollará a lo largo del día, sea de manera virtual o real, qué más da, está codificado en unos parámetros bien determinados. Cree usted que su OPINIÓN sobre la crisis o los problemas que acucian nuestra actualidad política y social es original, y el análisis desarrollado que de ella hace usted a sus amigos o conocidos es fruto de una reflexión basada en los conocimientos y experiencias ÚNICOS y genuinos, en los que su YO peculiar y eximio la ha elaborado. No se da usted cuenta de que lo que usted piensa, esa opinión, es un cúmulo de lugares comunes recitados como haría un loro, que su forma de pensar ha sido inducida por un trabajo descomunal pero secreto durante años, por unas macro estructuras invisibles que en su versión visible adquieren el nombre de EDUCACIÓN. Usted ya ha sido objeto de implantes ideológicos desde su primera infancia, su circuito neuronal está lleno de CHIPS, memes o cápsulas de información que determinan y orientan su opinión, la educación es una tecnología paciente y segura, su comportamiento ulterior se gesta lentamente. Su relación con el otro entonces está mediada por esa sutil tecnología. Nos comunicamos de avatar a avatar. Y eso es humano en una versión ampliada del término. El móvil, el e-book son insignificantes filtros comparados con los que la educación nos ha provisto. Ya somos una mezcla de humano y tecnología. El miedo y rechazo que usted siente hacia el cyborg y lo tecnológico es la constatación inconsciente de que ya lo es. De ahí que los deteste.
             Estamos en 1920, es lógico pensar que en menos de cien años el futuro nos habrá alcanzado y el avatar que ya somos producto de esa tecnología que es la educación se habrá desarrollado de tal manera que del hombre, tal como lo pensamos, en esa próxima actualidad quede casi nada. Entender, asumir y trabajar con el nuevo paradigma es la tarea.


domingo, 25 de mayo de 2014

apretar el gatillo.3. los toros bravos

Los toros bravos
Miguel Guerrero

Los que estábamos más cerca pudimos ver cómo en la plaza de la Constitución, junto a la fuente, se formó de la nada un toro bravo, negro reluciente, lustroso. Empezó apareciendo solo unas pocas partículas que se fueron multiplicando, muy lentamente al principio. El prodigio nos tenía paralizados a los que, a pocos pasos, nos encontramos con él, ni siquiera nos miramos los unos a los otros, la mirada fija en cómo las partículas iban apareciéndose, juntándose, de menos a más y el último paso hasta configurarse el toro fue visto y no visto. Y el toro ya hecho miró a su alrededor y empezó a comportarse como un toro bravo. Se lanzó hacia delante con potencia, los que estábamos tan cerca de él quedamos atrás de inmediato y vimos los cuartos traseros del toro avanzar y a este arremeter contra personas y mobiliario urbano; resbaló, cayó, se incorporó, se dio media vuelta y avanzó hasta donde nos encontrábamos, para cuando el toro llegó ya estábamos tras unas barandas y a salvo. Pero los transeúntes que venían de frente y no se habían percatado de la situación eran un objetivo claro para la fiera que se llevaba por delante todo lo que salía a su paso. La cosa duró menos de diez minutos. Para cuando el toro se desvaneció, se fue tal como había venido, desapareciendo partícula a partícula en la nada de la que había surgido, había acabado con la vida de más de doce personas que, empitonadas o golpeadas, se desangraron rápidamente en el suelo de la plaza; algunos heridos, pocos, y gente expectante y no creyéndose lo que veía, apostados tras las barandas, setos y arbustos de la zona ajardinada, vivimos una experiencia hasta ahora sin explicación.
            Solo horas más tarde supimos que la misma situación se había producido en distintos puntos de la ciudad. Y todas esas apariciones de toros bravos negros, enormes, se dieron a la misma hora, entre las doce y doce y cinco, y el tiempo que las bestias tuvieron para arremeter contra las personas y todo aquello que saliera a su paso fue en todos los casos de diez minutos. El número de muertos ascendió a setenta, el de heridos alrededor de ciento veinte. Los toros aparecidos fueron siete, que se sepa. Un señor vio el fenómeno desde la ventana de su casa, sita en la calle Galileo, detrás de la cual solo hay un descampado endémico y de varias hectáreas de dimensión, allí vio el hombre cómo a escasos veinte metros de donde se encontraba se formó el toro y este corrió por ese descampado sin nada contra lo que arremeter, corrió primero en dirección contraria a la casa, el señor vio cómo se alejaba, creyó que estaba teniendo visiones, también que la muerte venía a por él, el toro desapareció de su vista y volvió a aparecer, esta vez corriendo en dirección a su casa, justo se dirigía a la ventana desde la que él miraba. Cuando al toro solo le faltaban dos metros para estampar su cornamenta en la celosía y lanzarse a través de la ventana se desvaneció en el aire, en medio de su salto ya iniciado. Diez minutos clavados, dijo el señor.
Nadie supo dar una respuesta al fenómeno.

            El profesor G. apuntó que el toro, la lidia, era una creación del subconsciente colectivo de un pueblo que necesita un castigo, una llamada de atención. Pero que si era así, matizó, de nada serviría porque ese pueblo está tan sometido, tan alelado, alienado, depauperado, que no se daría por aludido, no alcanzaría a captar la indirecta. No dijo nada más. Si pueden hablen ustedes con él porque sobre esto tiene más que contar.


domingo, 18 de mayo de 2014

apretar el gatillo.2. el ojo vuelto del revés

El ojo vuelto del revés
Miguel Guerrero


En el relato de DFW Hacia el Oeste, el avance del imperio continúa, un personaje tiene un ojo que mira hacia el frente y el otro que mira hacia adentro, su pupila y su iris están en el interior. Este segundo ojo se presenta al que lo mira como un huevo blanco del tamaño de un huevo pequeño de codorniz. El gran escritor dice en su relato que ese ojo interior solo ve oscuridad.
            Yo, por mi parte, he imaginado que ese ojo del revés lo que ve es el interior del personaje, la mirada puesta permanentemente en la mente y el cerebro y en los procesos psicológicos y bioquímicos de la vida interior del personaje. Pienso que este ojo interior no tiene el alivio del parpadeo, el párpado ha quedado fuera.
El ojo que mira hacia afuera se encarga de captar la realidad exterior.
            El ojo que mira hacia el interior, el ojo vuelto, lo que ve, en un altísimo porcentaje, es lo que el ojo que mira hacia afuera ya ha captado, esas imágenes percibidas han sido enviadas al cerebro, este las ha procesado y esos estímulos producidos forman parte de la actividad humana del personaje, que a su vez producen nuevos movimientos neuronales en el cerebro y provocan, etcétera, el continuo fluir de esto que llamamos vida. Todos estos procesos los ve el ojo vuelto del revés.
            El ojo (que mira hacia el) interior sabe que el ojo (que mira hacia el) exterior no es inocente. Ha detectado que ese ojo cuando mira no lo hace imparcialmente. Esta mañana, por ejemplo, mientras miraba el televisor, estaban dando las noticias, ha desviado la mirada, el foco de atención, hacia la pecera en la que unos peces artificiales, como los del cuento de Bontempelli, daban vueltas y vueltas en su leve y particular eterno retorno con fecha de caducidad, (esto es hasta que las pilas de Litio LR44 desechables se agotan y quedan los peces suspendidos en el seno del líquido elemento), el ojo ha preferido posarse esta vez sobre la pecera que invita a la relajación, a lo leve, justo cuando la pantalla del televisor mostraba unas imágenes de la guerra civil de Siria en la que aparecen niños masacrados, escombros caídos que dejan ver extremidades humanas mutiladas: la barbarie. Lo grave.
Ante esto, el ojo interior  ha protestado. En su máxima expresión de rabia ha sacado fuerzas de no se sabe dónde y en una pirueta que podríamos calificar de milagrosa ha logrado darse la vuelta y asomarse al mundo exterior. Este mundo se le ha aparecido monstruoso, es decir, real, el mundo visto por primera vez es insoportable. Acuérdate del desesperado llanto del recién nacido. Se necesitan muchos años de educación, de doma, o lo que sea, para asimilarlo. Si alguna vez se logra. Su mirada también ha recaído sobre la pecera de peces artificiales, acompañando en intención a su vecino ojo exterior de siempre, que disfruta de la contemplación de la pecera y que cree estar mandando información relajante a su cerebro por iniciativa propia. Pero no es así, reflexiona el ojo vuelto del revés que se ha asomado por primera vez al mundo, ahora se ha dado cuenta, no es el ojo el que elige lo que mira (él mismo no ha podido sostener la mirada en la guerra), el cerebro tiene reservada para sí esa disposición, él sabe qué se debe mirar en cada momento, toma la iniciativa y dirige al ojo.
Necesidad de que el cerebro elija qué mirar en cada momento: Sería insoportable para un ser humano mirar siempre hacia lo grave, quizás debemos tomar la decisión de mirar hacia lo leve como una forma de relax, de rebajar la tensión que produce lo grave, quizás una manera de salud mental, necesaria.

El ojo vuelto del revés vuelve a su posición de siempre ya totalmente calmado, el ojo exterior no elige, se dice, no hay que enfadarse con él. Sin embargo, recapacita, he tenido que mirar el mundo para comprender.