-

Páginas

lunes, 10 de noviembre de 2014

pruebas de lo equivocados que estamos siempre.3

video

booktrailer
PRUEBAS DE LO EQUIVOCADOS QUE ESTAMOS SIEMPRE
con:
pablo dylan como dylan
carbono martínez en el papel del perro negro
el sr. tchitcherine es el descuartizador
y tras la cámara, nuria gómez

una produción de
ediciones del hombre cohete




sábado, 8 de noviembre de 2014

pruebas de lo equivocados que estamos siempre.2

Cartas de Nathan. Manuel Barros

Amarquía

A Nathan, salud:

Miguel Guerrero es escritor. Puedo decir esto de forma categórica, pues ya cargan, como la mala reputación, varias obras sobre sus hombros. A saber: ‘Arquitectura del dolor’, ‘La temperatura’, ‘Pequeños detalles sin importancia’; y un texto de complejísima estructura con cuyo título MG juega a mezclar el vacío más absoluto con el código postal de su ciudad de nacimiento, ‘Nada 11300’. A mi parecer, este último es el más ambicioso. Lamentablemente, aún inédito.
Ahora aparece, sin embargo, en Ediciones del Hombre Cohete con ‘Pruebas de lo equivocados que estamos siempre’, un libro de relatos escalonados. No sé de dónde diablos habrá sacado ese título, pero al leerlo incomoda sobremanera el maldito adverbio utilizado, que parece que ha sido puesto ahí deliberadamente por el autor para advertirnos de que estamos encerrados a perpetuidad en los sótanos de la ignorancia.
Imagino que cualquiera de nosotros podría decir cosas similares con el mismo grado de impertinencia. Dados los tiempos que corren, sería cuestión de ponerse. Pero a MG la provocación le sale de forma natural, la exuda envuelta en exquisiteces, como si con él no fuese la cosa. De modo que uno no acertará nunca a comprender si la distancia y el desparpajo con que trata los textos son el resultado del sarcasmo más hiriente y refinado o de una perplejidad conciliadora y bobalicona, que nos incluye a todos bondadosamente. También a él mismo.
Esta estrategia es demoledora. Cuando se repasan sus cuentos, uno tiene la sensación de besar la lona sin saber de dónde le ha venido el golpe. Así que el lector andará grogui de lectura en lectura intentando recuperar la conciencia. Pensará en tirar la toalla o, a lo mejor, si es valiente, en incorporarse de nuevo para seguir con la pelea. Aunque al final querrá volver irremediablemente a ese sueño protector que soñó en el mismo instante en que mordió el polvo y acabó el cuento. Esa adicción le empujará a seguir con la lectura. Estoy seguro.
Pero no me interprete mal, amigo Nathan. La sensación resultante no es de desasosiego. A veces, te hace sonreír y, en la mayoría de las ocasiones, uno puede disfrutar de eso que suelen poner como cebo en las contraportadas de los libros, el placer de la lectura. El libro está bien armado, es coherente y las subordinadas se deslizan reglón tras renglón como la seda. Formalmente es un corpus, aunque los temas y el tratamiento de los mismos sean muy dispares. Hay algo en todos ellos que los conectan mutuamente. Esa cópula es la atmósfera. Esa especie de voluta humeante y uniforme, de difícil elaboración, que lo impregna todo.
Se me ocurre un término extraño para definir este libro extraño. No sé si cometeré un error. Pero con ‘Amarquía’ creo que se señala muy oportunamente lo que desprende. A saber: que el caos y la armonía pueden ir de la mano; que la desesperación y el vacío pueden ser de color de rosa; y que de las cosas más banales como la puntualidad, el cortarse las uñas, la conducción de un coche nuevo, Mickey Mouse y el fin de la historia (estos son títulos de algunos de los cuentos) uno puede proyectar y experimentar sensaciones insólitas y estrafalarias. Porque en el libro de Miguel, la lucha de contrarios ha dejado de ser el motor del mundo. Y es que estos sempiternos enemigos que aparecen en todas las historias se han parapetado en la misma línea de fuego, y ahora desfilan alegres en las mismas huestes. La contradicción de sus cuentos es que las contradicciones se disuelven. Como en la amarquía, como el amor en el desorden.
Miguel Guerrero carece de huellas dactilares. Ya se lo advertí en su día. Aunque esto no le ha supuesto hasta ahora, que yo sepa, ningún problema de orden penal. Su coartada está bien hilada. Es impecable. Las yemas de sus dedos han perdido las crestas papilares por el roce con las páginas. Así que le resultará fácil reconocerle, mi querido amigo Nathan. Bastará con buscar a un tipo que siempre lleva el hocico hundido en el papel.


PD: Lo bueno de publicar un libro es que uno deja de corregirlo. Así que nuestro protagonista de hoy no tendrá más remedio que pasar página y empezar uno nuevo. A dios gracias.


(artículo aparecido en LA VERDAD del Campo de Gibraltar el día 8 de noviembre de 2014)


sábado, 1 de noviembre de 2014

pruebas de lo equivocados que estamos siempre.1










Pruebas 
de lo equivocados 
que estamos siempre
Miguel Guerrero
formato: 210 x 135 mm.
186 págs.
precio: 12 euros





comprar en:

·LA LUNA NUEVA
c/eguilaz, 1
11403 jerez
telf. 956 33 17 79
lalunanueva@infonegocio.COM
al carrito

·LIBRERÍA ARES
c/ Cervantes, 1
11300 La Línea
telf. 956 17 67 80
ares@libreriaares.es


Si ustedes atraviesan este libro escalonado de relatos que se presentan como mesetas cada vez más amplias, y más complejas, se encontrarán por el camino que está poblado de viejos conocidos, que cada uno a su manera participa en la construcción de estos cuentos extraños.

Maestros literarios como D.F.W., Ballard, Kafka, Burroughs, Gaddis, Ted Chiang son usados como punto de apoyo, como cimiento en algunos casos, en los que se sustenta el artificio del relato.
Si ustedes se adentran, por fin, en este libro, ¡AHORA sabrán lo que es leer!

“Si pudiera cogería al lector por el cuello y con mis propias manos lo ahogaría. Mientras se asfixia, entre estertor y estertor, le leería párrafos sueltos, una y otra vez, de este libro admirable.”
hombre cohete
nuestro funeral

“Amar a los dos: Dostoievski & Mr. Hyde. Esa es la poética que preside este libro extraño.”
el ocio del suicida

Miguel Guerrero vuelve con Pruebas de lo equivocados que estamos siempre a ofrecernos esta vez un libro de relatos cuya extensión va de menos a más y ganando en intensidad a medida que se alargan o ensanchan. Otras obras son el libro de relatos Arquitectura del dolor, la novela corta La temperatura, el relato largo Pequeños detalles sin importancia, la novela inédita Nada 11300.
Más información sobre el autor y sus inquietudes creativas en 
Así Miguel Guerrero,

miguelguerreroruiz.blogspot.com



domingo, 12 de octubre de 2014

gibraltar.21. trafalgar. b.p.galdós



D. Alonso Gutiérrez de Cisniega pertenecía a una antigua familia del mismo Vejer. Consagráronle a la carrera naval, y desde su juventud, siendo guardia marina, se distinguió honrosamente en el ataque que los ingleses dirigieron contra la Habana en 1748. Formó parte de la expedición que salió de Cartagena contra Argel en 1775, y también se halló en el ataque de Gibraltar por el Duque de Crillon en 1782. Embarcose más tarde para la expedición al estrecho de Magallanes en la corbeta Santa María de la Cabeza, que mandaba Don Antonio de Córdova; también se halló en los gloriosos combates que sostuvo la escuadra anglo-española contra la francesa delante de Tolón en 1793, y, por último, terminó su gloriosa carrera en el desastroso encuentro del cabo de San Vicente, mandando el navío Mejicano, uno de los que tuvieron que rendirse.



domingo, 5 de octubre de 2014

los otros.44. guía avanzada para abordar a thomas pynchon
















Guía avanzada para abordar a Thomas Pynchon
Noel Ceballos

LUZ
Es, quizá, su metáfora más recurrente. Todos sus personajes que trabajan en algo relacionado con la luz (por ejemplo, el padre de Frenesí en ‘Vineland’, técnico de iluminación en Hollywood) son esencialmente positivos. ‘Contraluz’, que se abre con una frase de Thelonious Monk al respecto, es la que más explora las posibilidades beatíficas de la irradiación, tanto natural (lo último que ve un personaje central es el sol poniéndose tras las montañas) como eléctrica (la Feria Mundial de Chicago es descrita como un inmenso punto blanco en la oscuridad). La luz es un don del que el Sistema siempre querrá aprovecharse: ahí está la epopeya de Byron, la bombilla revolucionaria de ‘El arco iris de gravedad’. Pero cuidado: una irradiación extrema también puede ser agente de destrucción, como demuestra…

LA BOMBA ATÓMICA
‘Bajo la rosa’relato breve de juventud que acabó incorporando a su primera novela (‘V’, 1963), es una intriga de espionaje ambientada en la Libia de 1898, pero también es una fantasmagoría encriptada (sub rosa, claro) sobre el advenimiento de La Bomba. En ‘El arco iris de gravedad’, los misiles V-2 son precogniciones polisémicas (provocan muerte, pero también ansiedad, delirio mesiánico o incluso excitación sexual en algunos personajes) del 6 de agosto de 1945, simbolizado en la novela como una coreografía de Bubsy Berkeley que, al final, acaba formando un mandala nuclear: litúrgica imagen fundacional del nuevo Orden Mundial que emanó de los escombros en Hiroshima y Nagasaki.




lunes, 1 de septiembre de 2014

gibraltar.20. mundos paralelos


video

1941. the mobile phone
spanish frontier with gibraltar



domingo, 24 de agosto de 2014

apretar el gatillo.8. los gregorios

Los gregorios
Miguel Guerrero

Después de una noche de sueño intranquilo me dispuse como cada día a hacer los preparativos propios para ir al trabajo. Al abrir la puerta vi que todo lo que alcanzaba mi vista se había trasmutado en desierto. Yo y mi casa solos en un inmenso desierto que debía abarcar toda la Tierra. No me quedé quieto, excepto los veinte segundos de estupor ante lo que veía, rodeé la casa y volví al punto de inicio, junto a la puerta principal. A poco que anduve unos cien metros en línea recta pude ver el horror: había miles de cadáveres tumbados apenas cubiertos por una fina capa de polvo. Un primer pensamiento egoísta me vino a la cabeza: a quién iba a contar mis preocupaciones, a quién iba a dar mí parecer, a quién imponer mis opiniones. Un segundo pensamiento se orientó hacia la posibilidad de una catástrofe nuclear de la que mi casa y yo nos habíamos salvado. Después de esto surge irremisiblemente la idea del sueño y con más fuerza la de la muerte: yo también he muerto, pensé, y desde la muerte esto es lo que veo. Así mismo cada uno de estos cadáveres tendrá a la vez la misma visión: saldrán de sus casas y verán el mundo convertido en desierto posnuclear, se acercarán a los muertos cubiertos de polvo; entre ellos, para ese otro, estaré yo. Si esto es así yo seré muerto tantas veces como muertos me visionen; puedo especular a la vez con que todos esos muertos que están delante de mí cubiertos por esa fina capa de polvo, todos esos sean los yos que los otros están viendo en este mismo instante, plantados ante sus casas, quizás pensando ellos lo mismo que yo, esto es: que todos los muertos que ven son ellos vistos por mí y por el resto de muertos que visionan esos muertos cubiertos de fino polvo del desierto.

Casi a la conclusión de este enredado pensamiento los cuerpos se irguieron, el polvillo que les cubría fue cayendo hasta la tierra desértica, y comenzaron con paso lento pero firme a caminar en dirección a la casa, como zombis; retrocedí, apenas un paso. En cuanto aquellos cuerpos se acercaron pude ver que eran insectos parecidos a cucarachas alzados sobre sus patas traseras, el pecho una coraza estriada de opaco bronce, un ejército de gregorios que abarcaba cualquier punto en el que yo pusiera mi vista. El avance era implacable y amenazante así que retrocedí hasta dar con las manos a mi espalda con la madera de la puerta. Los gregorios rodearon la casa, debía ser la humanidad entera allí convocada con el solo objeto de asustarme. ¿Recuerdan el leve sonido velado que provocan las alas de un insecto cuando se rozan entre ellas? Los insectos apostados frente a mí activaron su sistema de ventilación, de menos a más hasta conseguir un sonido un punto antes de lo insoportable. Estaba ya decidido a entrar en la casa, única escapatoria posible, cuando una manzana cayó a unos metros de mí y rodando queda, llorando la llegada, llegó hasta mis pies. Los gregorios más cercanos hicieron lo mismo: me lanzaban una manzana que rodando rodando acababan a pocos centímetros de mis pies. Podrían haberme acribillado con sus proyectiles edénicos, si yo fuera su enemigo ya habría perecido, el cuerpo mutilado, manzanas incrustadas en mis vísceras, me habrían reventado la cabeza, pensé. Entonces los gregorios no querían mi vida, y quizás, pensé, esas manzanas por ellos depositadas a mis pies podría ser o bien una invitación a zanjar una cuestión problemática que yo desconocía, o bien proveerme de armas para una lucha entre ellos y yo de igual a igual. ¿Qué puedo saber yo?, ¿cómo interpretar los gestos?
Dejémoslo así. 
        Los gregorios alzaron el vuelo, el cielo, al momento, se llenó de ellos y desaparecieron en el éter. Entré en casa. Desde entonces el exterior no ha dejado de ser un desierto. Procuro darle utilidad a las manzanas allí dejadas por los gregorios. Como al menos una al día, con eso me alimento, guardo las semillas con la idea de que debería apresurarme en sembrarlas, quizá he dejado pasar ya demasiado tiempo, me digo, quizá mañana siembre algunas cerca de casa, me digo, mientras, desde la puerta, observo el desierto inmenso que me rodea. Y, pienso, si todos los gregorios soy yo visto por otros gregorios…




domingo, 17 de agosto de 2014

apretar el gatillo.7. la agricultura en polonia

La agricultura en Polonia
Miguel Guerrero


Lo que no sabe H. y por tanto no podrá informar de ello al narrador, ni nadie se lo dirá, es del encuentro que R. mantuvo durante una tarde de hace ya algún tiempo en Altensam, un Altensam abandonado por todos, con un agricultor polaco que se había desplazado desde sus posesiones en Weimar, así dijo el agricultor a R., para entrevistarse con R. con el propósito de hacerle saber su interés en adquirir las tierras de labor y de pastos de Altensam, a cualquier precio. La recepción que le otorgó R. al agricultor fue fría y ceremoniosamente distante. Lo recibió en el inmenso, casi vacío y oscuro salón principal, lo hizo sentar en una silla de respaldo alto, austera, sin ofrecerle invitación alguna, ni siquiera le señaló que podía quitarse la pesada pelliza, innecesaria en la sala caldeada. Las credenciales de solvencia tanto económica como profesional del agricultor fueron expuestas por el agricultor polaco de manera dilatada y contundente. Sus logros más recientes se habían producido en Weimar. Sus pequeñas huertas produjeron trescientos cincuenta millones de kilos de frutas y doscientos noventa millones de kilos de legumbres, haciendo mención especial al cultivo del durazno y a los métodos más avanzados y más inocuos para las plantas y árboles para le extinción de orugas. Pero su logro mayor estaba recogido en su libro “La agricultura en Polonia”, del que sacó un ejemplar de su maletín de cuero y entregó a R. En él quedaba constancia de la revolución agrícola llevada a cabo en el decenio de los años veinte en la comarca alta de Zywiecz de la Polonia septentrional, por su padre, un agricultor salido de la nada que se hizo a sí mismo y alcanzó las más altas cotas de perfección en su especialidad, cuyos métodos y fórmulas de trabajo y producción infalibles él ha heredado, asumiéndolas como si fueran suyas, interviniendo en ellas de manera cautelosa, con el mayor de los respetos hacia la obra de su padre, sólo introduciendo con mucho tacto y cuidado la nueva tecnología en materia agrícola y una política de contratación de personal administrada por el más cualificado grupo de profesionales de Recursos Humanos que se pueda encontrar en la actualidad, etc, etc, etc. Cuando, tras varias horas, el agricultor polaco dio por terminada la exposición de su propuesta se generó el consabido y tópico silencio de veinte segundos en el que todo lo dicho se condensa en una abstracta pregunta, a la que R. contestó sencillamente, no. Y se levantó.
            La idea de aniquilación de Altensam iniciada por el padre de R. tenía en R. un firme seguidor. Altensam sería vendida sí, pero no al agricultor polaco cuyos éxitos agrícolas expuestos en su libro lo hacían un candidato a descartar precisamente por su solvencia que, indudablemente, haría renacer las tierras de Altensam, le daría la prosperidad hacía años perdida. Altensam, definitivamente, sería malvendida y el montante recibido iría, como ya había planeado R., a los ex presidiarios de la cárcel del distrito, a ellos y a los propios presidiarios, según R. la gente sobre la que el Estado había ejercido la mayor presión, los más desfavorecidos, los más desamparados.
             El agricultor polaco le ofreció la mano a R. pero éste le negó el saludo. R. no tuvo la deferencia de acompañarlo a la puerta. Dejó caer “La agricultura en Polonia” sobre la mesa y observó como el polaco tenía dificultades para abrir la puerta. Tras varios intentos fallidos el agricultor se volvió para mirar hacia el lugar en el que estaba R., no obtuvo de R. el más mínimo movimiento esperanzador. Lo intentó de nuevo, sin lograr el resultado deseado que su nerviosismo creciente lo hacía cada vez más inalcanzable. R., inmutable, sumido ya en las sombras del salón, dejaba hacer al hombre. El polaco miró a su alrededor y probó salir por una ventana, accionó los pestillos pertinentes que debían abrirla pero, quizá, por los años de abandono que había sufrido la mansión de Altensam, el mecanismo estaba oxidado, inservible. Apenas quedaba ya claridad del día que entrara por las ventanas, mientras la silueta negra de R., inamovible, se disolvía en la inminente oscuridad total.





miércoles, 13 de agosto de 2014