-

Páginas

sábado, 14 de febrero de 2015

domingo, 8 de febrero de 2015

apretar el gatillo.13. matar a gente

Matar a gente
Miguel Guerrero

Se estima que en el año 2050 la población mundial será de diez mil millones de almas, (para entonces yo habré muerto). La mayoría de ellas vivirá en la miseria. Y esta miseria provocará tantos conflictos que la vida tal y como la conocemos será casi imposible. La muerte, para muchos, será una bendición. Esta es la tesis que subyace casi clandestinamente en el libro de Stephen Emmott llamado Diez Mil Millones.
            Ante esto se impone una lógica: matar a gente.
            De eso se trata. Mi compañera y yo salimos a la calle y nos cargamos, a nuestro antojo, lo que se nos pone por delante porque hemos sido incapaces de determinar qué individuos deben permanecer o desparecer. No hay manera de objetivar una selección en función de unos miramientos morales, económicos, etc. A nosotros nos ha sido imposible engañarnos. Yo quería empezar con los intelectuales y con los pijos de la cultura y ella, más sabia, decía que le daba igual, que si acaso con los políticos, por decir algo. Como estábamos en un callejón sin salida, estuvimos varios días sin actuar, retrasando nuestro proyecto, dándole vueltas a la cabeza. Hasta que me dijo ella: Podríamos empezar por nosotros: tú me apuntas a mí yo te apunto a ti contamos tres dos uno y apretamos el gatillo. Coño, dije. Y eso hicimos. Nos apuntamos y al disparar las armas se quedaron encasquilladas, no sé si se dice así, encasquilladas. Creímos ver en esto una señal, y así nos lo dijimos: Esto es una señal. A partir de ese momento revisamos todo nuestro armamento, nos deshicimos del defectuoso, etc. Dejamos a los dos niños pequeños con los abuelos y salimos a hacer nuestro trabajo.
A estas alturas ya muy poca gente se escandaliza de  nuestro quehacer  diario, han entendido nuestra tarea como un servicio humanitario inaplazable. Algunos hasta han pedido ser ellos los aniquilados ese día, como si ya les tocara, decían sentirse ninguneados. Había un grupo de ejecutivos que, entre las diez y media y once, acudía a la plaza, sabedores de que era muy posible que pasáramos por allí, ofreciéndose a ser matados. Pasamos de los cinco ejecutivos y matamos a dos policías que trataban de dispersar a más gente que, junto a los ejecutivos, se estaban posicionando de manera bien visible para ser tiroteados, se empujaban unos a otros para acaparar el lugar  que creían más propicio para ser aniquilados. La gente siempre tan egoísta. La gente se pirra por ser matada. Le pedimos tranquilidad. A todos les llegará su hora. ¿Que por qué no nos detienen? El Gobierno es el primer interesado en que esto suceda así. Hagan cuentas: menos paro, menos pensiones, para el Estado un individuo es una carga. El Gobierno es experto en mirar hacia otro lado. Qué les voy a contar.
El libro de Stephen Emmott se despide así:
“Pregunté a un científico, de los más racionales y brillantes que he conocido, un científico que trabaja en este campo, un científico joven, un científico de mi laboratorio, qué haría si solo pudiera hacer una cosa para remediar la situación en que estamos.
¿Saben qué me respondió?”

“Enseñar a mi hijo a usar una pistola.”


domingo, 25 de enero de 2015

apretar el gatillo.12. el orden

El orden
Miguel Guerrero


El ordenado está en contra de la vida, como los católicos. Se protege de ella y encierra en sus retículas del miedo todo signo vital. Dioniso debe estar controlado. Todo hombre bueno aspira al orden. El orden es indispensable para llegar a dios, en cuanto supe esto me hice ateo. El ordenado trueca seguridad por libertad, entendida esta preferencia como un acto de inmadurez: se dice que en la libertad estás tú solo ante el mundo y que en la seguridad alguien o algo te protege.
El ordenado aspira a la monotonía que supone una vida reglada por la razón, en la que todo movimiento tiene que producir un beneficio, y que descarta las acciones inútiles o gratuitas, promueve o busca el equilibrio entre las partes, la coherencia, verosimilitud, etc. fuera de ese territorio bien acotado el ordenado deviene calamidad, no apto para vivir el mundo. El orden produce apatía, mediocridad, todo es predecible, la novedad mantenida a distancia; en cambio el desorden da miedo, dentro de él se vive peligrosamente, en él la sensibilidad es recompensada por mil estímulos diferentes: la geometría de las cosas cambia constantemente y el espíritu debe estar alerta a cada cambio, es decir, vivo. El desorden es ese lugar de sabores amargos que solo los paladares más recios pueden soportar, degustar. Es ese lugar del que huyen los mediocres con argumentos razonables. El orden es lo que segrega la lógica, tan sobrevalorada, y la lógica está bien, pero en el mejor de los casos solo llega hasta la verdad puntual de las cosas. El orden reafirma el triunfo de la razón sobre el instinto, el auriga domando al caballo, el orden sobre el caos. “Tenemos que incluir lo irracional en una razón ampliada”, dijo Sábato. Pero la razón, tan cerca del totalitarismo, no es solidaria. El orden todos sabemos lo que es, ha sido convenido tácitamente, amasado durante siglos, es la tiranía de la tradición. El orden es reaccionario porque está del lado del poder. El poder ordena, clasifica para así ejercer mejor su control. Dentro de él cada cosa tiene su espacio asignado, su ritmo convencional, cada pieza es asequible y localizable con un solo vistazo. El individuo ha imitado al poder y se autoimpone el orden para así controlarse mejor: si los caminos transitados siempre son los mismos la conducta está sujeta a una previsión, el deseo es aplazado en nombre de una sensata decisión de madurez. El desorden también tiene su espacio, su ritmo, su mecanismo de expresión interior, pero no ha sido codificado, es el rebelde perseguido. La escala de valores del desordenado es distinta, tiene su propio orden de importancia sobre las cosas que es cambiante y quizá el orden alfabético le resulte insuficiente para sus muchas digresiones. Vive en ese otro orden que los que sabemos poco de matemáticas llamamos caos. El desordenado no acepta las reglas, no quiere ser domesticado, es un indeseable.
El ordenado es el ojito derecho del poder, ya se vigila él solo.
Lo sé, lo sé. El orden nos hace la vida más fácil, soportable, esa es nuestra conveniencia. Acudimos a la seguridad que nos da el orden y a cambio nuestras posibilidades de ser otros quedan en suspenso detrás de las bambalinas de lo que conviene, de lo correcto y ordenado.

Dijo Jodorowsky que el pájaro que ha nacido en una jaula cree que volar es una enfermedad.

sábado, 24 de enero de 2015

pruebas de lo equivocados que estamos siempre.9. selfitianos

emilio velasco
andrea

angie

autor y batlencia

celia

luque


moises frías

juan corrales

oscar

paco conti

jorge

pepe fdez.

juanjo trujillo


autor

aurelio blanco

coral benitez

diego alvarez

inma pacheco

javi vizcaya

juan rguez. busto

francisco jota


josé luis glez



vicente gualda

rita

manuel harana

nathan

pablo guerrero

pili serrano

sergio tejedor

fran del castillo

domingo, 18 de enero de 2015

apretar el gatillo.11. felicitadores

Felicitadores
Miguel Guerrero

(El pasado día uno de enero se produjo una situación curiosa. En el apartado de mi FACEBOOK llamado “Información” tenía, desde hacía unas semanas, datos falsos sobre mí y a manudo los he ido cambiando por otros datos igualmente falsos, solo por provocar, o engañar, a la RED SOCIAL. Una travesura. En cuanto a mi profesión o ocupación laboral pongo la más estrafalaria que se me ocurre; cambié mi lugar de nacimiento y de residencia y por supuesto mi fecha de nacimiento; en este caso puse que nací el uno de enero de 1915. Así que este reciente uno de enero recibí las correspondientes felicitaciones de amigos y conocidos, dadas sin duda, con cariño. Ya saben, Facebook se encarga de hacer aparecer la efemérides sin consultar, así que, en desagravio a aquellos que me felicitaron de corazón escribí lo que sigue):

Amigos y sin embargo queridos, no sé de dónde habéis sacado que es mi cumpleaños, ¿de facebook? No lo es, todavía faltan muchos días para que lo sea. Así que no sé qué hacer con esas felicitaciones (in)oportunas, si guardarlas para cuando llegue la fecha correcta y así el trabajo felicitatorio ya está hecho por vuestra parte o devolvérosla una a una y que las tengáis guardadas para cuando llegue el momento correcto, o simplemente las tiro porque los deseos de que me vaya bien caducan o tienen fecha de consumir antes de (¿cuánto tiempo estarán vigentes esos deseos de que me vaya bien y que cumpla muchos más, una semana, un mes?, ¿pensaréis lo mismo el año que viene?), no sé. Mira, mejor las tiro, las felicitaciones, para que no ocupen mucho espacio en el disco duro de mis sentimientos, y cuando sea mi cumpleaños me felicitáis de nuevo. No sé si eso se puede hacer. ¿Se puede felicitar dos veces por el mismo cumple?, ¿no pasará nada?, ¿será contraproducente para mi salud, empeorará mi uretra?, ¿me pasará algo con tanto exceso? ¿tendréis algún problema vosotros, los FELICITADORES? Mira que si por una equivocación tan tonta comienza algo que más tarde no podamos parar, que se vaya agravando, agravando hasta que la catástrofe sea imposible de controlar. Se me ocurre, para evitar posibles malosrratos, que ya que el daño está hecho, me quedo con este día para cumplir años en los siguientes y pocos telediarios que me queden. Lo cambio y ya está. A partir de ahora, y por esta ingeniosa aparición de lo azaroso en el transcurso de mi vida, decreto, si os parece bien, que el día de mi nacimiento pasa a ser el uno de enero. No creo que pase nada. ¿Qué hacer con los papeles oficiales?, no sé. Ese es otro tema. En una cosa salgo perdiendo: seré 28 días más viejo, a mi edad no se va a notar mucho; y ganar... lo que gano es que matamos dos pájaros de un tiro: en un solo pack van felicidades para el año nuevo y el cumple, y así no tengo que estar pendiente de felicitaciones el día ese que hasta ahora ha sido el de mi cumpleaños, ese día me lo tomo libre y le doy cabida a otro tipo de afectos, o me lo paso durmiendo todo el día, no sé, ya veré. Me da por pensar, así fugazmente, que con lo meticuloso y geométrico que soy para mis cosas, sin llegar a ser obsesivo, esto de cumplir años el día uno es la cuadratura perfecta del círculo, uno empieza un año natural, o social, nuevo y un año biológico a la vez. Entre los muchos defectos que dios tuvo al hacer el mundo este es uno más, lo de burocracia y papeleo que nos hubiéramos ahorrado con que todos los seres humanos nacieran el uno de enero, y el departamento de obstetricia de los hospitales solo trabajaría un día al año, eso sí que sería un buen ahorro para las arcas del país, etcétera. Se me ocurren tantas ventajas, y seguro que a vosotros igual. Por ejemplo, si todos cumplimos años el día uno, la humanidad entera, ¿nos felicitaríamos? ¿sería un caos felicitatorio? buena pregunta eh? No sé qué pensará mi madre de todo esto, a ver qué dice cuando se lo diga: "mamá he decidido cambiar el día de mi cumpleaños, a partir de ahora va a ser el uno de enero, ¿qué te parece?", "pero hijo yo te parí casi un mes más tarde, ¿a qué viene eso de cambiarte el día de tu nacimiento?, ¿estás bien, te veo mala cara?, anda no vayas a salir así, ponte una rebequita.
La verdad es que estoy hecho un lío, no quiero equivocarme con esto de mi cumple, no sé qué puede ser lo más conveniente para nuestras vidas, tanto la mía como las vuestras, mis queridos felicitadores. Si tiro las felicitaciones os podéis sentir ofendidos, yo sé que lo habéis hecho con cariño, que me estimáis, no es coña, lo digo de verdad, no quiero ponerme baboso pero aprovecho para decir que el afecto y el cariño también es algo que yo siento por vosotros, aunque nunca yo os haya felicitado, y mucho menos dicho, y si lo he hecho no lo recuerdo, pero, en fin, siempre habéis estado en mi corazón y a ratos en mi pensamiento, algunas veces hasta he tenido ganas de veros. Por eso este tema que nos ha surgido de la nada tenemos que tratarlo con mucho tiento, estas cosas parece que no pero hay que gestionarlas bien, para que ninguna de las partes implicadas sufra daño alguno, por pequeño que pueda llegar a ser ese daño.
¿Qué hago, tiro las felicitaciones, cambio el día de mi cumple? La vida siempre nos pone en estos trances, siempre nos exige tomar decisiones. Puta vida.

Bueno, feliz año. Ya lo he dicho.

sábado, 17 de enero de 2015

gibraltar.22. gaddis
















(págs. 55 y 61 de "los reconocimientos" de william gaddis)


domingo, 11 de enero de 2015

apretar el gatillo. 10. los amables

10. Los amables
Miguel Guerrero


Odio en grado sumo a la gente amable, simpática. Escoria humana. La amabilidad es un subterfugio rastrero para conseguir el favor del otro. El amable trapichea con sonrisa falsa (si la sonrisa es auténtica ya es un ser absolutamente perdido) en un intercambio mercantil de afecto, que sí, que ese intercambio es humanamente lícito, pero el amable común no sabe esto, se engaña creyéndose un alma que habita las praderas frondosas de la bondad desinteresada del ser humano, es tan bobalicón que es incapaz de atisbar en su sonrisa signos de egoísmo. Engaño que para el amable es totalmente necesario para poder sobrevivir, tan débil se sabe que sin ese apósito que es la amabilidad está perdido, vulnerable ante el otro. El amable lo es también porque tiene miedo a ser castigado, arrastra una culpa, y mediante su amabilidad está pidiendo indulgencia.
Incapaz de un intercambio de datos emocionales sin esa capa babosa de la amabilidad, no conoce, no sabe que es más que suficiente una cordialidad invisible, funcional y aséptica, para contraer con el otro un eficaz trato humano, la amabilidad es un añadido molesto para el otro, si ese otro es un ser inteligente se sentirá incómodo ante el amable.
El amable, tan centrado en gestionar sin fisuras su amabilidad tramposa, tan absorto en mantener las constantes persuasivas de la amabilidad con el fin de que no se le escape la presa, tan pendiente de ese ejercicio, sin importarle nada el otro, que es solo un objeto del que extraer un beneficio afectivo, es la versión ruin y cobarde del sádico. Para el sadismo, estatus que el amable anhela secretamente, a veces tan secretamente que no sabe que lo anhela, no le alcanza el valor y tiene que conformarse con las migajas de la amabilidad. Un poco de psicología evolutiva nos diría que al amable, con el tiempo, se le va agriando el carácter, convencido de que su conversión a sádico ya nunca se producirá por falta de valor, se sentirá frustrado, y condenado a seguir siendo el amable que siempre ha sido, ¿qué otra cosa puede hacer? Aun así, la amabilidad, las más de las veces, es la puerta abierta a mayores y variadas perversiones: se empieza siendo amable para conseguir el primer empleo, para no perderlo luego y se acaba siendo presidente del fondo monetario internacional. Sí, sí, la amabilidad es imprescindible para triunfar en esta vida. Y triunfar ya sabemos lo que supone, y significa.
Hay una amabilidad que se sustenta moralmente en ideas filantrópicas: hacer la vida llevadera a sus semejantes, crear un ambiente positivo en la oficina para que su pequeña comunidad laboral funcione, la amabilidad hace que el trato con la familia no llegue nunca a ser conflictiva, etc. Claro, el amable no podrá reconocer nunca su egocentrismo silente, la verdadera función de su amabilidad que es un medio al servicio de su egoísmo; si así fuera, si descubriera la naturaleza de su amabilidad quedaría al descubierto, solo ante su mediocre monstruosidad que con tantos trabajos mantiene oculta bajo su careta social. El ser humano no quiere saber qué es ni cómo es, no le interesa, sabe que cada descubrimiento que haga sobre sí mismo lo acercará más y más al monstruo que irremediablemente mantiene oculto en las mazmorras de su ser.
La amabilidad enmascara al monstruo. Otro día hablaremos del gobierno.


sábado, 27 de diciembre de 2014

pruebas de lo equivocados que estamos siempre. 8. cartas de nathan.manuel barros. tic tac, tic tac

Cartas de Nathan
Manuel Barros
Tic tac, tic tac

Salud:

Hoy se cumple un año que nos carteamos y creo que ha llegado el momento de reparar un poco en todas esas cosas que hemos ido dejando atrás. No podrá negarme, querido amigo, que algunas sucedieron sin apenas tenernos en cuenta y que hemos podido participar de ellas escasamente, acaso como simples espectadores. Otras, sin embargo, nos han afectado muy directamente. Se diría que han minado nuestro corazón. Como le referí en una ocasión, estas son las importantes.
Mientras moría Concha en el hospital, por ejemplo, nacía, en una planta más arriba, Noa, un bebé de ojos redondos y de pelo encrespado, que ahora está en esa edad de llevarse todo a la boca para descubrir ese mundo de sabores y formas que nosotros experimentamos una vez. Ahora tiene siete meses y el tiempo parece detenerse en sus labios cuando sonríe. Sé que esto es imposible, pero a mí me gusta pensar que la serenidad, que me provoca la ternura de su pequeñez bien redonda, durará siempre. Como los dioses que hemos imaginado para soportar el hecho de que la vida se nos escapa de las manos inexorablemente.
Y luego está ella, mi amor reciente, alrededor del cual gira casi todo lo que siento.  Reconozco que esta manía mía se está convirtiendo en una obsesión, pero es agradable pensar que alguien te ha señalado con el dedo y que te ha transformado de repente en un ser especial, a pesar de tus miedos y defectos. Y es que ahora me proporciona placer sacarme de la manga esas historias que me imaginé una vez junto a ella y que hoy están tomando cuerpo. Quiero decir que las toco con las manos y que ella también parece tocarlas como si fuesen ciertas.
Con todo, quedan las otras cosas, esas que configuran el mundo exterior y que la realidad nos pone encima de la mesa en forma de noticias. Por el momento, las encajo bien. Quizá todo esto se deba a la fortaleza que me han dado las tres mujeres que cité anteriormente.
Por otra parte, Miguel Guerrero, mi amigo, ha publicado un libro excepcional, que torpemente presenté en una cafetería. Y Javier Plata, otro elemento entrañable a tener en cuenta, expuso sus últimas pinturas en Tpop, un local de copas, que hace las veces de galería de arte. Creo que ambas obras, las de M.G. y las de J.P., nos pueden servir de metáforas de los tiempos que corren. Estos tiempos caóticos en donde el desasosiego y el infortunio campan a sus anchas.

Por último, Chema, otro tipo del que me siento muy próximo, ha decidido trasladar su negocio a un sitio más estratégico. En el bar de Chema, charlamos de fútbol y de las noticas que aparecen a diario en los periódicos. Es una especie de santuario, pero, en estos momentos, intuyo que a todos nos vendrá bien el cambio de aires. La verdad es que las paredes se estaban descascarillando. Sin embargo, yo me he tomado ese cambio de hogar con cierta filosofía y desapego. Pues ya ni siquiera miraba las agujas del reloj que colgaba de una de sus paredes. Y es que hasta hace un mes el maldito artilugio me soplaba al oído mientras me tomaba el café con una voz parecida a la de un insecto: ‘Tic-tac, tic-tac, tic-tac, ya succioné tu tiempo con mi trompa asquerosa’. Ahora sé que a ese bicho raro, que es el paso del tiempo, lo puedo liquidar de un manotazo. Gracias, Concha, Noa, Amor, Miguel, Javier, Chema. Gracias, Nathan. Aunque por lo que me cuenta usted en su última misiva también participa de la misma experiencia y del mismo ánimo. Así que, querido amigo, piense que cualquiera de los dos hubiese podido firmar esta carta.

(artículo aparecido en LA VERDAD DEL CAMPO DE GIBRALTAR,  el sábado 27 de dic. de 2014).

domingo, 21 de diciembre de 2014

apretar el gatillo.9. halloween, papa noel y otras invasiones

HALLOWEEN, PAPA NOEL  Y OTRAS INVASIONES
Miguel Guerrero

…y qué es nuestro, estrictamente hablando, si la DEMOCRACIA nos viene de la Grecia antigua, el cristianismo lo inventaron unos protohippies creo que por Judea y hasta que no tuvo éxito en Roma no fuimos capaces de admitirlo como animal de compañía (aún así, seguramente los habitantes de aquel momento en la península pusieron toda la resistencia de que fueron capaces a admitir aquella religión que venía impuesta por el Imperio), y hasta hace dos telediarios éramos los más católicos del mundo junto a Irlanda y Polonia. ¿Y el fútbol? Un implante indoloro inglés en nuestra piel de toro. Nos podemos poner estupendos y decir que nuestra lengua, este castellano evolucionado o cambiado de hoy (ya no es lo que era, dirá un nostálgico), proviene del latín. Y para ponernos serios ya del todo: nosotros mismos, los habitantes de Europa somos todos inmigrantes, si hacemos caso a la idea antropológica de que los homínidos, o lo que sea que fueran, partieron de ÁFRICA en busca de mejores condiciones para la vida, una caprichosa movilidad exterior de aquellos primeros jóvenes aventureros, y llegaron a nuestro continente con sus inestables pateras, ¡y aún no han dejado de hacerlo los muy cabezones, por más concertinas que le regalemos como prueba de amabilidad hospitalaria! Los árabes estuvieron aquí ocho siglos, día arriba día abajo, y nos dejaron rasgos faciales y gastronomía, y algunas cosas más. ¿Son nuestros los polvorones de Estepa? Mi generación, la primera seriamente perdida, influida por ese aparato infernal que venía de yanquilandia, la TELEVISIÓN, casi nos mata, la puntilla a lo auténtico. ¿No es verdad que el mundo es peor y que los españolitos hemos perdido mucho desde que fuimos educados con las imágenes de fondo de los Picapiedra y Bugs Bunny, La juventud baila y Perdidos en el espacio?
            ¿Qué me dicen de Papá Noel versus Reyes Magos? ¿Acaso Melchor era de Chinchilla, Gaspar quizá de Murcia, Baltasar (el negro se menciona y va siempre el último) se nacionalizó español en Tarifa, después de cruzar el Estrecho?
            Etcétera, etcétera, etcétera. (Piensen lo que cabe en estos etcéteras).
Y es que ese miedo y desprecio al OTRO y a lo otro, ese terror ancestral a lo que viene de fuera, a lo nuevo también, esa manera de vivir a la defensiva, dice mucho de nuestras inseguridades, de la poca confianza que tenemos en nosotros mismos, de nuestra escasa capacidad para afrontar y solventar con éxito situaciones imprevistas, de ser valientes, y solidarios, desde la inteligencia.
            Los puristas, o los irreflexivos (los españoles de verdad ¡coño!), reniegan de la implantación de la noche de Halloween, no vaya a ser que los niños, divirtiéndose de esa manera tan poco patria, pierdan la esencia de lo español. Si es que alguna vez tuvimos esencia, si la esencia sirve para algo… más que para, repito, sustentar posturas insolidarias y enmascarar nuestro miedo, y más cosas.


(Si encuentra usted diez características autóctonas, sin dudas ni mezclas, propias, le daremos de regalo un plasma TX22 de última generación tecnológica; eso sí, importado de la Alemania de Merkel, porque seguramente usted lo preferirá a uno de fabricación casera).