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sábado, 1 de agosto de 2015

apretar el gatillo.25. pudin de plátano

Pudin de plátano
Miguel Guerrero

Encontré esta receta en la Red y espoleado por lo bien que sonaba no tardé en ponerme manos a la obra:
INGREDIENTES: 1 taza de azúcar; 1/2 taza de harina para todo uso;  1/2 cucharadita de sal; 2 tazas de leche (descremada no); 4 o 5 plátanos maduros, en rodajas finas (cubierta con una envoltura de plástico o rociar con jugo de limón para evitar que se oxiden); 1 caja galletas de vainilla; 1 cucharadita de extracto de vainilla; 1 cucharada de mantequilla (no margarina); 4 yemas de huevo (huevos grandes o mejores). Merengue: 5 claras de huevo, la temperatura ambiente; 6 cucharadas de azúcar; 1/4 cucharaditas de crema tártaro; 1/2 cucharadita de extracto de vainilla.
INSTRUCCIONES: Precaliente el horno a 375 ° F. Cubra el fondo de un molde de 9×9 pulgadas con una capa de galletas de vainilla. Mezcle el azúcar, la harina y la sal en un tazón y mezcle bien. Ponga a un lado. En una cacerola de fondo grueso, batir las yemas de huevo también. A fuego medio, agregue la mezcla de harina a las yemas de huevo, alternando con la leche y la vainilla, revolviendo constantemente. Llevar a ebullición suave y, cuando la mezcla comience a espesar, agregar la mantequilla, sin dejar de revolver. Mantener la ebullición y agitación hasta que la mezcla alcanza una buena consistencia de pudin. Asegúrese de que no se queme el pudin. Retire del fuego. Coloque una capa de rodajas de plátano en la parte superior de las galletas de vainilla. Vierta la mitad del pudin sobre la capa de plátano. Poner otra capa de galletas de vainilla, otra capa de rebanadas de plátano, y cubrir con el pudin restante. Batir las claras de huevo a velocidad alta hasta que se formen picos suaves. Agregue la crema del tártaro. A alta velocidad, añadir poco a poco el azúcar, una cucharada a la vez, y batir hasta que se formen picos duros. Doble la vainilla en el merengue, y difundir el merengue sobre el pastel, sellándolo en los lados del plato. Hornee hasta que los marrones del merengue se hagan visibles, de 12 a 15 minutos.
            No tardé en degustar el apetecible postre, y al poco tuve una reacción extraña. Mi pensamiento tuvo la decisión de pensar de esta manera:
“La mataré de una paliza y luego seré obsceno con ella… y entonces sentí cómo de mi cabeza abierta y sangrante salía el cuerpo de una persona, abriéndose paso hacia el exterior con las manos primero y luego con los brazos, como si fuera un feto envuelto en líquido amniótico, se agarró a la pared inmediata sobre la que descansaba la cabeza como si fuera una salamandra viscosa, subió y luego bajó por ella hasta quedarse junto a mí, restregándose contra mí, envolviéndome con sus babas, rozándome voluptuosamente, desnuda me pasaba sus pechos húmedos por la cara, el sexo abierto, carnoso y caliente como la boca de una planta carnívora que quería engullirme, me ahogo entre las piernas abiertas, el flujo vaginal me cubre la cara y las manos de ella buscaron y atraparon el pene que surgió como la trompa de un elefante en el cuerpo de un enano, se lo llevó a la boca y lo tragó hasta hacerlo desaparecer dentro de su organismo y todo yo fagocitado seguido de él, de pronto creo estar atravesando a nado el estrecho de Bering, las aguas heladas del mar, me tiende la mano mr. arkadin y así salvo la vida y me encamino hacia las tierras cálidas del continente desconocido en el que de mis pantorrillas embarazadas nacen dos hijos que a su vez engendran dos coches, han debido tener un accidente en la avenida españa y el nivel del agua sube hasta entrar por las ventanillas rotas hasta cubrirlas, los cadáveres dentro del coche, solo se ha salvado la ardilla que en dos movimientos se ha encaramado a lo más alto del edificio, y queda la ciudad sumergida por la que transitan hombres peces con un sistema branquial que destella la luz del arco iris sobre el fondo marino, son las cuerdas de la existencia, llego a entender”.
Salgo del pensamiento bruscamente, aún con la cucharilla en la mano…
Después de esta experiencia, el pudin de plátano se ha convertido en mi postre favorito y puedo decir sin rubor que ya soy un auténtico adicto.

Ni que decir tiene que todo esto le pasó a un amigo mío, que ustedes no conocéis.

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