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sábado, 8 de agosto de 2015

apretar el gatillo.26. los lectores

Los lectores
Miguel Guerrero

“El mejor lector es el lector muerto”
Luke Branded

Odio en grado sumo a los lectores, y la sabiduría que con esa práctica adquieren. Escoria humana. La lectura es un subterfugio rastrero para destacar sobre los demás. El lector trapichea con esa falsa sabiduría adquirida mediante la lectura (si esa sabiduría es auténtica ya es un ser absolutamente perdido), en un posicionarse por encima del otro (está mejor valorado socialmente un lector que aquel que no lo es, claro que esta valoración la hacen los lectores), que sí, que esa pelea es humanamente lícita, pero el lector común no sabe esto, se engaña creyéndose un alma que habita las praderas frondosas del conocimiento de la existencia del ser humano de forma desinteresada, es tan bobalicón que es incapaz de atisbar que en la adquisición de saber hay claros signos, sino únicos, de egoísmo con el fin de quedar por encima del otro, y poco más. Engaño que para el lector es totalmente necesario para poder sobrevivir, tan débil se sabe que sin ese apósito que es el saber que le proporciona la lectura está perdido, vulnerable ante el otro. El lector lo es también porque tiene miedo a ser despreciado, arrastra ese temor, y mediante su adquisición de saberes, acumulación de información, está pidiendo indulgencia. Presenta sus credenciales y ya sabemos que no pertenece a la chusma, es un hombre cultivado.
El lector es incapaz de un intercambio de datos emocionales sin esa capa presuntuosa de lo intelectual, no conoce, no sabe que es más que suficiente una sabiduría simple, funcional y aséptica, no adquirida en los libros sino en la calle, para contraer con el otro un eficaz trato humano, ese prurito sabiondo es un añadido molesto para el otro, si ese otro es un ser inteligente se sentirá incómodo ante ese hombre cultivado, el desagradable y siempre un punto engreído lector.
El lector, tan centrado en gestionar sin fisuras su saber tramposo, su base de datos, la información es poder, tan absorto en mantener las constantes persuasivas de la sabiduría postiza que le da sus lecturas, con el fin de que no se le escape la presa, sobre la que tiene que predominar, tan pendiente de ese ejercicio, sin importarle afectivamente nada el otro, que ese otro es solo un objeto que le va a proporcionar un estatus superior, es la versión ruin y cobarde del escritor. Para llegar a ser el intelectual que se expresa mediante la escritura, estatus que el lector anhela secretamente, a veces tan secretamente que no sabe que lo anhela, no le alcanza para ello el talento y tiene que conformarse con las migajas de la lectura: el lector común es un escritor en diferido, postura acomodaticia. Un poco de psicología evolutiva nos diría que al lector, con el tiempo, se le va agriando el carácter, convencido de que su conversión a escritor ya nunca se producirá por falta de talento, se sentirá frustrado, y condenado a seguir siendo el lector que siempre ha sido (seguramente un mal lector; abundan más de lo que pueda parecer), ¿qué otra cosa puede hacer? Aun así, la actividad lectora, las más de las veces, es la puerta abierta a mayores y variadas perversiones: se empieza siendo un lector de textos de esos que “hay que leer” para conseguir entrar tímidamente en esa mafia que se llama intelectualidad, más tarde, para no perder esa posición conseguida uno acaba leyendo lo que no está escrito, no vaya a ser que no estés al día y eso te deja en muy mal lugar, y se acaba dando consejos a los amigos lectores que tú consideras que están por debajo de tus posibilidades y les recomiendas lecturas, incluso escribes algún articulillo planteando los arcanos narratológicos de esta u otra novela. Todo por ir reafirmando tu posición de hombre o mujer de interés intelectual. Sí, sí, la lectura es imprescindible para triunfar en esta vida, para obtener una posición de valor en tu círculo. Y triunfar ya sabemos lo que supone, y significa.
Hay lectores que sustentan moralmente sus lecturas en ideas filantrópicas: comprender la existencia del mundo y hacérsela ver desinteresadamente a sus semejantes, dar consejos a través de citas famosas, la lectura nos permite comprender los mecanismos que hacen funcionar la familia, la sociedad y así ser más comprensivo con ellas, etc. Claro, el lector no podrá reconocer nunca su egocentrismo silente, la verdadera función de sus saberes adquiridos estriba en que es un medio al servicio de su egoísmo para ser mejor que el otro; si así fuera, si descubriera la naturaleza de su obsesivo e innecesario almacenamiento de saber quedaría al descubierto, quedaría solo ante su mediocre monstruosidad que con tantos trabajos mantiene oculta bajo su careta social. El ser humano no quiere saber qué es ni cómo es, no le interesa, sabe que cada descubrimiento que haga sobre sí mismo lo acercará más y más al monstruo que irremediablemente mantiene oculto en las mazmorras de su ser. La lectura le ayuda a ocultarse de sí mismo.

La sabiduría que proporciona una actividad lectora enmascara al monstruo. Otro día hablaremos de los escritores.

7 comentarios:

  1. el ocio del suicida8 de agosto de 2015, 19:57

    esto sí. parafraseando/manipulando al maestro W.S.B.: "hablar es mentir; leer, engañarse." espero que no se raje y cumpla con su promesa/amenaza y hable de los escritores, esos lectores incontinentes mostrándonos sus caquitas, como niños en espera de aprobación materna.

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    1. ¿me pide usted coherencia y formalidad, sr. suicida? ¿cree que soy de esos tipos deleznables que cumplen su palabra?

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    2. el ocio del suicida9 de agosto de 2015, 14:16

      yo ya no pido nada (que se exprese con un nombre abstracto) a nadie. en cuanto a usted: no, no creo que sea de esos tipos deleznables que cumplen su palabra. su incoherencia e informalidad son de sobras conocidas por quienes le hayan venido siguiendo (y entendiendo, que no es lo mismo. ("¡el lector..., el lector!", kurtz al fondo, a lo lejos...)) en sus múltiples exposiciones públicas (bits y/o papel). aún así, reconozco que me gustaría leer un texto suyo sobre los escritores que fuera la otra cara de la moneda de este.

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    3. tendrá ese texto, sr. suicida. no sé si me cree.

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    4. el ocio del suicida9 de agosto de 2015, 23:47

      le creo. ¿me cree usted a mí cuando digo eso?

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