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domingo, 10 de mayo de 2015

apretar el gatillo.21. lo real

Lo real
Miguel Guerrero

Hasta que a Borges se le ocurrió aquello del mapa y el territorio todos vivíamos más o menos bien, es decir, inocentes y desconocedores de la sustancia de que está hecha la Realidad, como el pez de Wallace que se pregunta ¿qué es el agua? En el cuento de Borges los cartógrafos del Imperio aspiraban a la confección de un mapa tan detallado que llegara a coincidir con total exactitud con el territorio del Imperio. Y eso hicieron, hasta conseguir más tarde que toda la Tierra quedara cubierta por el mapa. Y como sin darnos cuenta hemos estado viviendo en ese mapa superpuesto desde entonces sobre el territorio. Nos hemos acostumbrado a hacer nuestra vida entre los pliegues de ese mapa, sin dejar de quejarnos de pisar el papel en vez de la tierra añorada.
Y cuando ya habíamos asimilado las nuevas reglas del juego y resignados aparentábamos ser felices en nuestra desgracia, llega Baudrillard y nos dice que sobre ese mapa tenemos que ir reconstruyendo y recuperando el territorio. Esto es: sobre el simulacro que es el mapa en el que vivimos ir recomponiendo la Realidad que los cartógrafos del Imperio habían sepultado con su mapa. Esta tarea se presenta más ardua, e inalcanzable el objetivo que aquel que consiguió el Imperio. Sin embargo, como siempre, unos pocos iniciaron la tarea y a veces, sobre el mapa, llego a ver un destello de cordura que es obra sin duda de esos pocos. Pero no podemos engañarnos: conseguirlo no queda fuera de lo imposible, creemos.
A mí se me ha ocurrido, solo por seguirle modestamente el rollo a estos grandes pensadores, que quizá lo más conveniente sería provocar una gran explosión del planeta, un nuevo big ban, con la idea de más tarde recomponerlo a base de ir juntando los pedazos esparcidos por el espacio, haciendo un compuesto de trozos de manera que logremos reconstruir nuestro mundo: aspiración máxima del terrorista. He advertido que la explosión no solo hará trizas el territorio sino el mapa también, incluidos los trozos de Realidad que ya habíamos conseguido superponer al mapa, en este caso poca cosa.
Recordando a Baudrillard, me pregunto quiénes serán los nuevos cartógrafos que compongan ese nuevo mundo que surja de la gran explosión, si serán fiables. Son cosas mías, me digo.
En cualquier caso, un día despertaremos y todo habrá desaparecido, el mapa y el territorio. Lo tangible de las cosas y las cosas mismas. Las sensaciones, los pensamientos, las emociones. Toda esta construcción de lo real desaparecerá, como lágrimas en la lluvia. Nos rodeará un inmenso vacío que ni siquiera ahora podemos imaginar; la nada que ahora imaginamos es algo que en ese momento será nada.
            Y no será la muerte.
            Seremos información desplazándose por el éter, por el cauce eléctrico de un mundo infinito y rizomático. Eternos e inmortales. Para no morir de tristeza, tendremos que soñar de nuevo los Desiertos del Oeste, y allí, entre las Ruinas del Mapa, desearemos vivir como Mendigos.
           
(Del rigor en la ciencia. Jorge Luis Borges, Historia universal de la infamia. 1946.
En aquel Imperio, el Arte de la Cartografía logró tal Perfección que el Mapa de una sola Provincia ocupaba toda una Ciudad, y el Mapa del Imperio, toda una Provincia. Con el tiempo, estos Mapas Desmesurados no satisficieron y los Colegios de Cartógrafos levantaron un Mapa del Imperio, que tenía el Tamaño del Imperio y coincidía puntualmente con él. Menos Adictas al Estudio de la Cartografía, las Generaciones Siguientes entendieron que ese dilatado Mapa era Inútil y no sin Impiedad lo entregaron a las Inclemencias del Sol y los Inviernos. En los Desiertos del Oeste perduran despedazadas Ruinas del Mapa, habitadas por Animales y por Mendigos; en todo el País no hay otra reliquia de las Disciplinas Geográficas.
SUÁREZ MIRANDA: Viajes de varones prudentes, Libro cuarto, Cap. XLV, Lérida, 1658.)

(Cultura y simulacro. Jean Baudrillard. 1973).

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