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domingo, 3 de mayo de 2015

apretar el gatillo.20. uno de mayo

Uno de Mayo
Miguel Guerrero

Sobre los escalones de entrada al Ayuntamiento, cuyas instalaciones acogen de nuevo buena parte de las dependencias del Gobierno Municipal, está extendida una pancarta que dice: POR UN SALARIO DIGNO, junto a ella reposan tres bombos y dos cajas esperando ser golpeados por puños reivindicativos, habitualmente esta función recae en los llamados liberados. Los tres grandes sindicatos están hermanados en esta celebración.
            Los trabajadores se van aproximando por los laterales del edificio y confluyen frente a la escalinata, los que se dan cuenta de que están frente a la pancarta y tambores se retiran cautelosamente hacia un lado queriendo dejar libre la visión de la leyenda e instrumentos. La prensa apremia a los despistados para que no les oculten el campo de visión. Se hacen grupitos, bien porque entre ellos se conocen y se han encontrado allí o bien por afinidad sindical, hoy desprenden una energía especial los cuerpos reivindicativos.
            El carismático sindicalista ya retirado Porras Naranjo, en calidad de invitado de honor, (lleva una pegatina de UGT sobre su camisa a la altura del corazón igual que otros que lo acompañan lucen un cocodrilo mal bordado o un paquete de Marlboro que se transparenta bajo la fina tela del bolsillo) aparece en el escenario megáfono en mano, da los tres o cuatro pasos necesarios para instalarse junto a la pancarta y espera, hierático, perro viejo, unos segundos hasta que los compañeros y compañeras asistentes se van percatando de su presencia junto al micro, que supone la inequívoca e inminente intervención.
Todo está a punto para conmemorar el uno de mayo, la expectación es máxima, miles de personas asisten al acto, el micro silba en un acople que rápidamente es silenciado: Porras ha bajado el megáfono, alejándolo de su influencia.
Apenas si el señor Porras ha articulado el pertinente saludo a su audiencia, se oye desde el cielo, de menos a más, la música de la Guerra de las Galaxias. Algunos creen que es parte del espectáculo, pero al fin, extrañados, los presentes alzan la cabeza y ven aparecer los platillos volantes. El personal huye despavorido, (recuerden la Guerra de los Mundos) pero los eficaces rayos paralizantes dejan inertes a los manifestantes, envueltos en una sustancia parecida a la miel, (más tarde sabremos que a esto se le llama ambarización), en sus posiciones de huida, con la banderita sindical en alto, el rostro despavorido.
Las naves se posan sobre la Avenida España, en el tejado del Conservatorio, el paseo Fariñas, toda la ciudad debe estar invadida y sus habitantes ambarizados. De las naves bajan unos cuerpos amorfos de color verde con varios ojos en lo que podríamos llamar cabeza y tentáculos varios en lugar de brazos. Son alienígenas llegados de Titán. Han conquistado la Tierra.
Varias horas después desambarizan a la población. Los vugs, como se hacen llamar los habitantes de Titán, nos advierten de que nada tenemos que temer, que su misión afecta solo a los sindicalistas, únicos individuos que aún permanecen atrapados por el ámbar. Una comisión terrestre se reúne con los vugs, la alcaldesa a la cabeza, y estos explican que lo único que les interesa es la fuerza de trabajo que albergan los cuerpos de los sindicalistas y trabajadores afiliados, esta fuerza de trabajo les será extraída y almacenada convenientemente. En Titán, explican, la masa vugsiana productora de bienes ha tenido un colapso en sus funciones de trabajo y deben ser recargados.
Y así lo hacen. Ninguna oposición por parte de los terrícolas. La capacidad tecnológica de los vugsianos es tan superior a la nuestra que nada podría impedir lo que se proponen. Desambarizados los sindicalistas y afiliados, son sometidos a la extracción de la fuerza de trabajo que contienen sus cuerpos, especialmente motivados este uno de mayo. Las naves, una vez acabada su misión, ascienden al cielo, rumbo a Titán.
Durante los siguientes días los sindicalistas y afiliados deambulan por la ciudad como zombis. Poco a poco van recuperando su actitud anterior a la invasión, se reorganizan y aparentan ser lo que eran. Pero la verdad es que ya nunca recuperarán sus capacidades para terratransformar la sociedad. El único consuelo que les queda, que nos queda, es que su fuerza de trabajo esté siendo utilizada en Titán, quizá, siendo muy optimistas, para transformar la sociedad vugsiana.



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