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domingo, 31 de mayo de 2015

apretar el gatillo 22. juanjo trujillo: alcalde

Juanjo Trujillo: Alcalde
Miguel Guerrero

En democracia gobierna el que alcanza la mayoría, bien porque la logra por sí mismo o porque al coaligarse con otro obtiene esa mayoría. Porque esa mayoría representa a la mayoría de ciudadanos con derecho a voto, así está convenido. No se acepta otra forma de acceder a la gobernabilidad si no es mediante la obtención de mayorías. La idea de mayoría está por encima de cualquier otra consideración.
            Pero en mi ciudad el 54,61% de la ciudadanía con derecho a voto se ha abstenido.
            Aplicando la idea anterior, a ellos correspondería el gobierno de la ciudad, puesto que superan a los votantes. Además conforman una mayoría absoluta. La idea de que el voto legitima por encima de la abstención desmiente lo que llamamos soberanía, entendida esta como voluntad del pueblo. La voluntad del electorado de mi ciudad, por mayoría, ha quedado clara: quiere ser gobernada no por los representantes surgidos de los votos, sino por la nada abstencionista.
            ¿Cómo recuperar esa energía social que posee esa nada? ¿Es pertinente, aconsejable esa recuperación? ¿La abstencionalidad, no es ya una fuerza social que en su aparente pasividad entrópica genera riqueza de índole desconocida en la comunidad? Los abstencionistas, auténticos ganadores de estas elecciones, ¿podrían conformar un programa de gobernabilidad y gestión para nuestra ciudad? Desde luego, sería un programa muy plural, en el que sí que habría una mayoría representada. Quizá no muy distinto del que presentan los votados. En cualquier caso, el programa y la gestión de ese programa de los abstencionistas podrían llenarnos la vida de agradables sorpresas, necesarias para una vida mejor. ¿Para cuándo un partido, o mejor, plataforma de los abstencionistas? Demasiadas preguntas, la abstención no es un tema baladí. ¿El abstencionista supera en riqueza moral al votante?
            ¿Quiénes, cómo y qué son esos que se han abstenido? No es imprescindible saberlo, la abstención al igual que el voto es secreta. Es cierto, tampoco sabemos quiénes son los votantes más allá de los pocos con los que nos hayamos cruzado al pasar por un colegio electoral, y salvo alguna excepción no sabemos a quién han votado. Tanto en un caso como en otro la visibilidad no presenta merma o problema. Si alguno encuentra despreciables las motivaciones de los abstencionistas solo tendría que pensar que quizás igualmente podrían serlo las que mueven al voto. No habría que caer tan bajo, digamos que los gestos de los electores, de un signo u otro, nunca son gratuitos.
Conozco a un abstencionista manifiesto, que ha proclamado la idea de abstención abiertamente. Incluso ha hecho su pequeña campaña, como los que piden el voto, más modesta sí, pero altamente eficaz, con un mensaje visual claro y un eslogan irrebatible: NO VOTES. SALGA QUIEN SALGA PIERDES. A fin de cuentas se ha mostrado como la campaña más efectiva: ha obtenido la victoria: el mayor número de impactos con el menor gasto posible, lo que da una idea de lo que el alcaldable de los abstencionistas podría hacer con un presupuesto mediano. En unas breves declaraciones en las redes sociales el Sr. Trujillo dijo: “Es lo que siento y lo que pienso”. Esta frase, en su sencillez, abarca los tres componentes básicos para la comunicación: “lo que siento” alude al pathos, a esa emoción que dota a su proyecto del componente humano necesario; “lo que pienso” concierne al ethos, un factor que nos indica el carácter intelectual, el del hombre ético que razona lo que dice; y ese logos resuelto en un mensaje sencillo y directo que nos transmite fiabilidad. Díganme si encuentran en algún candidato de los votantes tan alto grado de solvencia prometida.
            Yo lo propongo para Alcalde, como representante de esa mayoría silenciosa, heterogénea, invisible, inclasificable, digna, escurridiza y abstencionista de mi ciudad, que ha encontrado en la mudez electoral la mejor forma de expresarse. Ellos son los indiscutibles y legítimos ganadores de estas elecciones. Sin embargo no habrá protesta ni reclamaciones por su parte, abstenerse es la lúcida y noble consigna.


1 comentario:

  1. Querido amigo, tengo que decirte que paso tres pueblos, u once mil trescientos si es necesario, nunca mejor dicho. Un alcalde abstencionista es tan ridículo como un país anarquista, y esa retahíla teórica sobre las consecuencias de un gesto —o no— estúpido sólo es un buen inicio para hacer una bolita de papel o de bits. En todo caso, gracias por recordarme que no soy nadie. Todo un honor que me reconozco.

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