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viernes, 3 de abril de 2015

apretar el gatillo.17. necesidad de la semana santa

Necesidad de la Semana Santa
Miguel Guerrero

Yo soy muy aficionado a la SCI-FI y sobre todo a los viajes en el tiempo. Mi mayor deseo es viajar al futuro, pero los viajes al pasado también me atraen. De todos es sabido la imposibilidad de que estos tiernos deseos se vean cumplidos. Hemos nacido demasiado pronto. Sólo puedo disfrutar de ellos en forma de simulacro. La literatura y el cine, las series también, me tienen más que distraído con estos temas.
            La Semana Santa es un simulacro, una representación que a mí, particularmente, me retrotrae a la España medieval, o a mi infancia, que viene a ser lo mismo. Cuando tropiezo con un paso me transporto. Ya sé que nunca del todo, soy hipercrítico y no me dejo llevar fácilmente, eso está en mi contra. Sin embargo, un número indeterminado de moléculas de mi cuerpo y mente viaja en el tiempo y accedo tele transportado a lo más oscuro de nuestra tradición. El placer es intenso y gratificante porque aunque uno en ese momento esté en un estado parecido al trance, a la vez se siente salvaguardado porque sabe que sólo es representación, que nada malo me va a ocurrir. No me van a quemar, me digo, aunque algunas caras me parezcan descendientes directos de los torquemadas de la época, pero esto sé que es una exageración, demasiadas imágenes tenebrosas con las que convivimos en nuestra infancia, almacenadas en nuestro ideario, es un recurso que yo utilizo ahora para darle cierto dramatismo y emoción al viaje al pasado.
            No me interesa la estética semana santera (entre las cosas que considero feas, sin negociación alguna, se encuentran los pasos de Semana Santa y un vestido de novia, y por extensión una boda, no hay nada más hortera que una boda), pero ayuda, toda esa iconografía no está puesta en balde, tiene su intención y sin ella el acercamiento anímico que necesito para el viaje no se produciría. La música, magnífica, es determinante.
            Vista la Semana Santa desde otra sensibilidad, no hay que despreciar su elemento económico, tan necesario en nuestros días. Esto puede ofender al purista, pero no debe ser así. Que un acontecimiento tan espiritual haya desembocado en una utilidad de signo marxista, ahora entendido como neoliberal, no debe parecerle degradante. Yo creo que es una forma muy rebuscada pero eficaz de multiplicación de panes y peces: algunos de aquellos que no tienen trabajo habitualmente, en estos días lo encuentran y llenan su despensa con ese maná que la Providencia, tan astuta, les hace llegar. Dios y la beata Báñez lo tienen todo estudiado, se podría decir.
            Yo creo que la Semana Santa ya no hace daño, como piensan algunos de mis amigos, ¿o sí? No sé. Que es una esquirla inofensiva que se resiste a deshacerse en el tiempo. Lo que sí es cierto es que mucha gente obstinada abjura de ella y si en su mano estuviera la prohibirían. Craso error. Esta debe desparecer sólo si la gente de manera inteligente, sin ser forzada, llegara al convencimiento de que es un anacronismo. No es fácil que eso ocurra. Por eso creo que es una necesidad de primer orden que el hombre invente ya la tele transportación, así sería posible que los amantes de la Pasión se desplazasen todos al Medievo, época a la que creo que pertenece esta actividad, donde mejor puede lucir, celebren allí su Semana Santa y luego el Lunes de Pascua regresen a nuestro tiempo y nos cuenten cómo les ha ido, un resumen bastaría. Y todos felices. Yo también iría, y así, al menos por un tiempo, me quitaría de encima a los palizas anti semana santa. En este caso, Dios y la ciencia se están demorando en la invención del tele transporte. Ya pueden imaginarse las posibilidades que nos proporcionaría ese invento. Lo de disputas que evitaría.
Y lo que de necesario tiene la semana santa: es ver cómo pone a prueba el grado de tolerancia hacia lo distinto de progres y radicales trasnochados, intacto y calcado años tras año, fosilizado ese pensar intolerante como la propia Semana Santa.
Amén a lo dicho.
O como escribió brillantemente Pepe Villalba, mejor quítenle el acento a amén y amen, sobre todo amen, amen…


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