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domingo, 1 de junio de 2014

apretar el gatillo.4. la Educación es una tecnología

La Educación es una tecnología
Miguel Guerrero


Si la educación es una tecnología somos cyborgs.
Los profesionales del SABER, en una mayoría, así como el saber popular, coinciden en que la relación que un individuo establece con sus semejantes sin que medie entre ellos un filtro tecnológico es MEJOR que si lo hay. Mejor hablar cara a cara que por teléfono; en cuanto a la relación que establecemos con los objetos, mejor el tacto del papel (que no sé qué tiene de placentero; sin olvidar que la invención del papel y más tarde la imprenta fueron en su momento alta tecnología) que leer en un e-book, etc. Los dos extremos que van de la salud a la enajenación/alienación, están representados por un lado por el hombre que vive en la naturaleza, pongamos por caso un pastor, y que interactúa directamente con lo biológico: plantas, minerales, animales, personas (no olvidemos una pajita sostenida en la comisura de los labios telúricos, agrietados, resecos, fruncidos, la mirada perdida en los grandes horizontes); y por el otro el hikikomori, ese niño/joven japonés que casi toda su interacción con el mundo exterior a él la establece mediante un ordenador, apenas piensa en comer, en ducharse y la madre no sabe qué hacer con él.
            La defensa de lo no tecnológico en las relaciones humanas tiene su argumentación en que mediante el cuerpo, la fisicidad, mostramos nuestras emociones y percibimos a través de él sensaciones REALES. Hasta hace poco ha circulado con éxito la dicotomía cabeza/corazón para explicar burdamente estas dos formas de percibir la REALIDAD: emocional/afectiva, con el corazón; fría/calculadora, con la cabeza; visceral /flujos mediante versus analítica/mecánica. Apolíneo/Dionisiaco. La postura en la actualidad se ha radicalizado porque la certeza tácita de que el HOMBRE es un constructo, un simulacro de sí mismo también, un avatar que esconde al verdadero yo si es que lo hay, un cyborg AÚN de carne y huesos, una máquina más, es tan calladamente evidente que a muchos se les hace insoportable y se niegan a admitirlo. La forma más radical de negar la evidencia de que la tecnología ha ganado la partida es ese enroscarse en lo llamado HUMANO.

Mírese al espejo. Sí, verá piel recubriendo la carne, eso le tranquiliza cada mañana y le confirma que ese temor al cyborg es infundado, aún está lejos, pero el flujo de emociones, sensaciones y opiniones que usted desarrollará a lo largo del día, sea de manera virtual o real, qué más da, está codificado en unos parámetros bien determinados. Cree usted que su OPINIÓN sobre la crisis o los problemas que acucian nuestra actualidad política y social es original, y el análisis desarrollado que de ella hace usted a sus amigos o conocidos es fruto de una reflexión basada en los conocimientos y experiencias ÚNICOS y genuinos, en los que su YO peculiar y eximio la ha elaborado. No se da usted cuenta de que lo que usted piensa, esa opinión, es un cúmulo de lugares comunes recitados como haría un loro, que su forma de pensar ha sido inducida por un trabajo descomunal pero secreto durante años, por unas macro estructuras invisibles que en su versión visible adquieren el nombre de EDUCACIÓN. Usted ya ha sido objeto de implantes ideológicos desde su primera infancia, su circuito neuronal está lleno de CHIPS, memes o cápsulas de información que determinan y orientan su opinión, la educación es una tecnología paciente y segura, su comportamiento ulterior se gesta lentamente. Su relación con el otro entonces está mediada por esa sutil tecnología. Nos comunicamos de avatar a avatar. Y eso es humano en una versión ampliada del término. El móvil, el e-book son insignificantes filtros comparados con los que la educación nos ha provisto. Ya somos una mezcla de humano y tecnología. El miedo y rechazo que usted siente hacia el cyborg y lo tecnológico es la constatación inconsciente de que ya lo es. De ahí que los deteste.
             Estamos en 1920, es lógico pensar que en menos de cien años el futuro nos habrá alcanzado y el avatar que ya somos producto de esa tecnología que es la educación se habrá desarrollado de tal manera que del hombre, tal como lo pensamos, en esa próxima actualidad quede casi nada. Entender, asumir y trabajar con el nuevo paradigma es la tarea.


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