-

Páginas

domingo, 18 de mayo de 2014

apretar el gatillo.2. el ojo vuelto del revés

El ojo vuelto del revés
Miguel Guerrero


En el relato de DFW Hacia el Oeste, el avance del imperio continúa, un personaje tiene un ojo que mira hacia el frente y el otro que mira hacia adentro, su pupila y su iris están en el interior. Este segundo ojo se presenta al que lo mira como un huevo blanco del tamaño de un huevo pequeño de codorniz. El gran escritor dice en su relato que ese ojo interior solo ve oscuridad.
            Yo, por mi parte, he imaginado que ese ojo del revés lo que ve es el interior del personaje, la mirada puesta permanentemente en la mente y el cerebro y en los procesos psicológicos y bioquímicos de la vida interior del personaje. Pienso que este ojo interior no tiene el alivio del parpadeo, el párpado ha quedado fuera.
El ojo que mira hacia afuera se encarga de captar la realidad exterior.
            El ojo que mira hacia el interior, el ojo vuelto, lo que ve, en un altísimo porcentaje, es lo que el ojo que mira hacia afuera ya ha captado, esas imágenes percibidas han sido enviadas al cerebro, este las ha procesado y esos estímulos producidos forman parte de la actividad humana del personaje, que a su vez producen nuevos movimientos neuronales en el cerebro y provocan, etcétera, el continuo fluir de esto que llamamos vida. Todos estos procesos los ve el ojo vuelto del revés.
            El ojo (que mira hacia el) interior sabe que el ojo (que mira hacia el) exterior no es inocente. Ha detectado que ese ojo cuando mira no lo hace imparcialmente. Esta mañana, por ejemplo, mientras miraba el televisor, estaban dando las noticias, ha desviado la mirada, el foco de atención, hacia la pecera en la que unos peces artificiales, como los del cuento de Bontempelli, daban vueltas y vueltas en su leve y particular eterno retorno con fecha de caducidad, (esto es hasta que las pilas de Litio LR44 desechables se agotan y quedan los peces suspendidos en el seno del líquido elemento), el ojo ha preferido posarse esta vez sobre la pecera que invita a la relajación, a lo leve, justo cuando la pantalla del televisor mostraba unas imágenes de la guerra civil de Siria en la que aparecen niños masacrados, escombros caídos que dejan ver extremidades humanas mutiladas: la barbarie. Lo grave.
Ante esto, el ojo interior  ha protestado. En su máxima expresión de rabia ha sacado fuerzas de no se sabe dónde y en una pirueta que podríamos calificar de milagrosa ha logrado darse la vuelta y asomarse al mundo exterior. Este mundo se le ha aparecido monstruoso, es decir, real, el mundo visto por primera vez es insoportable. Acuérdate del desesperado llanto del recién nacido. Se necesitan muchos años de educación, de doma, o lo que sea, para asimilarlo. Si alguna vez se logra. Su mirada también ha recaído sobre la pecera de peces artificiales, acompañando en intención a su vecino ojo exterior de siempre, que disfruta de la contemplación de la pecera y que cree estar mandando información relajante a su cerebro por iniciativa propia. Pero no es así, reflexiona el ojo vuelto del revés que se ha asomado por primera vez al mundo, ahora se ha dado cuenta, no es el ojo el que elige lo que mira (él mismo no ha podido sostener la mirada en la guerra), el cerebro tiene reservada para sí esa disposición, él sabe qué se debe mirar en cada momento, toma la iniciativa y dirige al ojo.
Necesidad de que el cerebro elija qué mirar en cada momento: Sería insoportable para un ser humano mirar siempre hacia lo grave, quizás debemos tomar la decisión de mirar hacia lo leve como una forma de relax, de rebajar la tensión que produce lo grave, quizás una manera de salud mental, necesaria.

El ojo vuelto del revés vuelve a su posición de siempre ya totalmente calmado, el ojo exterior no elige, se dice, no hay que enfadarse con él. Sin embargo, recapacita, he tenido que mirar el mundo para comprender.



No hay comentarios:

Publicar un comentario